Sumito con las manos en el teclado

Notes

Sumito, libro, chef venezolano, editorial Planeta, cocina

El libro del reconocido chef venezolano se publicó en 2016 por Ariel, uno de los sellos de la editorial Planeta de Libros en Venezuela

El nombre Sumito Estévez invoca a continuación los vocablos gastronomía, comida, fogones y un largo etcétera culinario. Sumito, sin embargo, decidió además aplicarse al teclado e ir dejando rastro de lo que hace, no solo escribiendo recetas, que ya sería un registro; sino diciendo lo que piensa sobre la importancia de las tradiciones, los sabores y los gustos de un país. A su juicio esto es tan esencial como la bandera, el escudo y el himno nacional.

En su reciente libro 12 pasos para cocinar la imagen de un país, (editado por Ariel con prólogo de Gastón Acurio), empieza el lector a constatar cosas ya sabidas, pero que vienen al cerebro como en la escena culminante de la película Ratatouille: se vuelve a los recuerdos más remotos de la familia, de la cocina de la abuela, de la madre. “Cada vez que nuestras madres nos sobaban con amor la cara, sus caricias olorosas a ají dulce nos regalaban un país”, sentencia Estévez. Y más de uno habrá de darle la razón, ¿o no?

Así empieza el autor a hablar de los “descriptores” –esos ingredientes esenciales–, las recetas –ese legado tan indispensable para continuar tradiciones–, las ferias gastronómicas –esos encuentros que dan a conocer comidas propias de cada sector del país–.

Sumito no se queda solo en Venezuela, pero –por supuesto– es un bajo continuo en todo el texto. A ratos reiterativo, no deja de ser una lectura agradable para un venezolano, porque necesariamente se identifica o descubre historias o le invita a probar sabores de los que va conociendo a través de la lectura.

No es un libro de recetas, no es un libro para invitar a comer a tal o cual sitio, no es un libro para el paladar. Es una especie de “hoja de ruta” para invitar a los que quieran a hacer del país una marca a través de los sabores que les son característicos; es un libro para insistir en la gastronomía más como un fenómeno cultural, turístico y de raigambre nacional que un simple placer sibarita: “…la inserción en el mundo global pasa primero por apropiarse con orgullo y naturalidad de valores propios”. Y para lograr esto hay que posicionar los nombres propios de nuestros vinos, sopas, pasapalos… Sumito insiste en que se debe hacer bandera con lo propio y para ello hay que quererlo como tal. Que si alguien dice “sushi” y piensa en Japón, diga “arepa” y piense en Venezuela.

Además invita a periodistas, cocineros, escritores, fotógrafos, videógrafos a dejar registro de todo lo que se hace en Venezuela para hacer esa marca-país. Estévez asegura que de este modo se influye positivamente en las redes y se da a conocer lo bueno que tiene la venezolanidad en todos los ámbitos de la cultura y la tradición.

Pero no puedo despedir esta reseña sin ejercer mi oficio de corrección: en la página 248 del libro, Sumito se refiere a la frijolada que hacen en La Asunción cada Viernes Santo, y dice: “introducen el Santo Sepulcro a la catedral en medio de una misa apoteósica”. He de advertir al lector que no se trata de una misa, pues el único día del año litúrgico en que no se celebra misa es el Viernes Santo. Ese día se trata del Oficio de la Pasión del Señor.

Pero no me quedo en el “gazapo”. Es una bonita historia para el epílogo del libro y para el comienzo de unos cuantos emprendimientos.

12 pasos para cocinar la imagen de un país

Fuente El Nacional

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