Ron, un profesor para el mundo al frente de causas nobles

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Tiene 30 años. Ya ha trabajado en 14 países. Está nominado entre los 50 mejores profesores del mundo al premio Global Teacher Prize, de la Fundación Varkey, optando por un millón de dólares. Nació en el barrio Guasimo, de Caracas, y hoy pinta futuro a niños y jóvenes cuyas esperanzas se han perdido en medio de la desolación de la guerra.

Desde hace un año, Ron Álvarez se propuso a enseñarles futuro a muchachos sin padres, marcados por las bombas y la incertidumbre. Desde Suecia formó la Orquesta de los Sueños con el propósito de tender una mano amiga y mostrar lo hermoso de la vida a través de la música. “Sé que no puedo cambiar sus historias, pero puedo cambiar lo que viene. No aspiro a que sean músicos, pero sí a que la música los ayude a desarrollarse, a aprender valores para la vida”.

Tan caraqueño como el Ávila, este venezolano tiene más de cinco años recorriendo el mundo, con el apostolado de exportar lo mejor del país, El Sistema Nacional de Orquestas, fundado por José Antonio Abreu. Su convicción principal es “ser el mejor en lo que hagas”. “Siempre le dije a mi familia que me ganaría un Oscar o un Nobel”, admite entre risas.

Con profunda convicción afirma que la música es sanadora, que enseña futuro, que abre puertas insospechadas y rompe fronteras, aún las más infranqueables. Reconoce que la tarea que ha emprendido en los últimos meses no ha sido fácil.

El caraqueño dirige la Orquesta de los Sueños.

El hombre, graduado en la Universidad Nacional Experimental de las Artes, ni siquiera puede imaginar ponerse en los zapatos de sus nuevos alumnos. Aunque para él los casos excepcionales ya son normales. Drogas, alcohol, suicidio, soledad son elementos con los que ha tenido que luchar a lo largo de su profesión.

“A mí gracias a Dios jamás me ha explotado una bomba ni siquiera cerca, yo no sé cómo suena una bomba”, señala Álvarez, quien ahora lidia con el dolor, con el luto ajeno y con la desesperanza del terror, dando clases a niños refugiados de Siria, el Líbano, Afganistán, Irak, llegados en trenes a Suecia.

“Hace días preparamos una fiestica para uno de nuestros alumnos de Siria que cumplía años. Cuando entré al salón me encontré con la noticia de que acaban de reconocer los restos de su familia, que había fallecido por el estallido de una bomba cerca de su casa. Todo se suspendió de inmediato”, afirma.

Ese es el día a día de Álvarez con los 30 estudiantes que tiene a su disposición. No cuentan con el apoyo de la familia, algunas se encuentran en Turquía, Grecia o en sus hogares de origen, bajo los designios de la guerra, mientras que los jóvenes están a cargo del llamado Good Men (padrinos) o instituciones.

Desde los 14 años ama la mùsica.

La Orquesta de los Sueños nació de una imagen que quedó calcada en la mente del caraqueño, a tal nivel que fue necesaria cambiarla y convertirla en otra realidad. “Llegaba a Estambul, en tren, cuando vi muchos policías en la estación y muchas personas llegando. Les entregaban agua y un cambur. La cara de trauma me impactó. Al preguntar quiénes eran me dijeron que eran los que llegaban de la guerra. Enseguida me dije ‘El Sistema tiene que trabajar para ellos, tiene que ayudarlos”.

En dos semanas se montó la primera presentación, con instrumentos prestados. “Ese es el don que tenemos los venezolanos. Si yo no hubiese crecido dentro de El Sistema no tuviera las herramientas para trabajar y crear esas facilidades y así ayudar a la gente”.

Para ese momento, ya el director de orquesta se encontraba en Suecia con la política de exportar la música y los dones venezolanos. Estaba dedicado a la comunidad de inmigrantes y a su reinserción en la sociedad. Luego de su visión cambió el objetivo. En la actualidad El Sistema de Orquesta tiene 30 núcleos en ese país, dirigidos por Álvarez.

Al violinista poco le importan las pesadillas que en ocasiones sufre por las historias de sus alumnos. Solo piensa en el futuro de aquellos que no tienen a un profesor que los ayude a canalizar el sufrimiento que han vivido. El hecho de que estos jóvenes puedan desarrollar una identidad y se sientan orgullosos de sus alcances para él es suficiente.

Nunca pensó ser educador, hoy es su pasión.

Como protagonista de esta historia sabe ahora que debe cuidar sus palabras, quizás duro sea un vocablo que use con más cuidado en una nueva ocasión, luego que un estudiante le dijese: “Duro es que te estalle una bomba cerca de tu casa”. Esto en respuesta a un comentario trivial de Álvarez, quien les dijo que hoy trabajarían duro.

Esas observaciones lo impactan, pero sabe que tiene a su esposa, a su violín y a sus películas para sortear un difícil día y que, al día siguiente, tendrá una nueva oportunidad para comenzar con mejores energías.

“Las historias de los niños me marcan, por eso siempre debemos agradecer por cada día que tenemos de vida. Hay niños que mueren todos los días por la bomba, el terrorismo, la inseguridad, por muchísimas cosas, por eso debemos preguntarnos: ¿qué hacemos con esa oportunidad de vida?”.

Hoy Álvarez se encuentra reconocido por la fundación Varkey como uno de los mejores 50 profesores del mundo y uno de los más jóvenes. El director y violinista fue preseleccionado de un grupo de 20 mil nombres, que al igual que él apuestan al futuro. El año pasado el reconocimiento quedó en manos de la maestra de primaria, palestina, Hanan Al Hroub, quien desarrolló métodos educativos para sanar el trauma a través del aprendizaje, centrado en el juego y el refuerzo positivo.

En Suecia dirige 30 núcleos de El Sistema de Orquestas.

Ron Daivis aplicó gracias a la insistencia de amigos, que lo instaron a optar al premio. Se inscribió justo un día antes de finalizar el plazo. Nunca pensó quedar entre los seleccionados. Hoy admite que la bandera de Venezuela se ve “hermosa” en las casillas de la fundación. Todavía quedan por delante dos selecciones. En febrero la lista se reducirá a 10 y en marzo se conocerá al ganador, en Dubai. El año pasado este galardón lo entregó el Papa Francisco.

No es la primera vez que Álvarez se enfrenta a las fronteras culturales para llevar adelante su propósito. Su primera gran prueba fue en Groenlandia, a donde fue enviado para darle clases a jóvenes huérfanos, que tenían al alcohol y el suicidio como paradigmas de vida. Fue una tarea titánica, porque ni siquiera hablaba inglés, menos el idioma local, pero el apoyo de la directora de la institución y la confianza de José Antonio Abreu lo ayudó a no claudicar, sentimiento que no conoce, según confiesa.

Afirma que su objetivo principal es “multiplicar la filosofía del maestro Abreu en el mundo: ver a Venezuela como un ejemplo. Creo que en estos momentos se necesitan buenas noticias, eso es uno de mis puntos claves, lograr como venezolano dar buenas noticias a mi país, sin importar el lugar donde me encuentre”, asegura el hombre que llegó a vestir el pantalón negro, la camisa blanca y la gorra tricolor gracias a la insistencia de su abuela, quien a diario despachaba chupi-chupi a los jóvenes del núcleo de Guarenas.

Fuente Panorama

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