Josu Ortiz construye su nombre piano a piano

Josu Ortiz, construye, su nombre, piano a piano

Más sellos en el pasaporte, hacer música para cine y un Grammy son algunas de las metas que se trazó el caraqueño de 29 años y que espera lograr con Black & White Steps, su primer disco y carta de presentación como compositor, arreglista y productor musical

Un músico sabe que su disco está listo cuando no puede evitar que se le salga una lágrima o que se le paren los pelos al escucharlo. Por lo menos eso fue lo que experimentó Josu Ortiz cuando detalló el resultado final de meses de trabajo y trasnochos. En esas largas sesiones lo acompañó un montón de artistas que fueron cómplices en la producción de su primer trabajo discográfico: Black & White Steps.

Compositor, arreglista y productor. Así se quiere dar a conocer el caraqueño de 29 años de edad que empezó su formación musical antes de mudar los dientes completos. “Mi mama me regaló un cuatro a los 2 años de edad, y hay fotos de eso, pero no recuerdo esos momentos. Ella dice que en preescolar yo me la pasaba pegándole a las mesas como si fueran tambores. Una maestra le dijo que yo debía recibir clases de música. Trataron de llevarme al conservatorio, pero era difícil porque no teníamos carro. Entonces me metió en el coro de niños del colegio”.

Corría la última década del siglo XX, y el niño pudo cantarle al Papa Juan Pablo II durante su segunda visita a Venezuela, en un encuentro organizado en el aeropuerto de La Carlota donde unos 200 mil jóvenes, cifró la información oficial, se reunieron para recibir el mensaje del Santo Padre en 1996 cuando los conminó a ser “profetas de la vida”. Josu descubría, a su vez, que si bien sus cuerdas vocales podían afinarse, eran sus manos las que le permitirían comunicarse a través del arte.

Ahora sus dedos se pasean con destreza entre cuerdas y teclas. Fue su relación con el piano la que más se estrechó mientras estuvo bajo la tutoría de Gerry Weil, el maestro del jazz y tutor de tantos venezolanos. Con él completó su entrega a la rítmica y al fraseo, luego de su paso por el Taller de Arte Sonoro de Caracas, donde obtuvo el título de Ingeniero de Sonido.

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Todos esos conocimientos que plasma en su currículo se sintetizan en las seis canciones de Black & White Steps. “El nombre del disco es una metáfora que representa mi proceso de aprendizaje musical a lo largo de los años. La portada del álbum es una escalera en espiral, con la que se simboliza el hecho de que aunque haya momentos malos, siempre se aprende y eso nos hace seguir escalando. También son los pasos en blanco y negro, los colores de las teclas del piano, un instrumento que ha sido mi compañero y mi herramienta en mi carrera”, escribe Ortiz por correo electrónico desde Nueva York, ciudad en la que está residenciado desde hace un tiempo.

“Desde que salí de Venezuela, he crecido muchísimo como músico y como persona. Yo nunca había vivido solo. Me fui a Boston en mayo de 2013 para estudiar en el Berklee College of Music”. Entrar a la universidad privada de música más grande y prestigiosa del mundo fue un sueño que requirió inversión, los ahorros de seis años de vida. “Me parecía algo inalcanzable, por lo que costaba y porque yo no pensé que me iba a dedicar a esto. Finalmente, cuando me gradué de bachillerato y no me hallaba en ninguna de las carreras convencionales, decidí aventurarme. Hice mi audición en Berklee y quedé seleccionado. Fue increíble. Estar ahí implica estar las 24 horas del día y los siete días a la semana entregado a la música y no hacer más nada”, comenta.

La multiculturalidad de esa universidad fue un elemento clave para que Josu explorara nuevas fórmulas. “Si tocas un instrumento raro les encanta. Por eso la música venezolana es tan bien recibida fuera de nuestras fronteras, porque es muy rica rítmicamente”.

Hizo alianzas con otros venezolanos que también estaban de paso por Berklee, y que ahora lo acompañan en algunos temas de su primer disco, como en “Agua de lluvia”, dedicada a Venezuela. “La canción surge porque mi compañero Marco Echeverría quería producir una canción para el país, a propósito de las protestas de 2014. Queríamos que en el proceso de producción participara la mayor cantidad de venezolanos posible. Él, por ser maracucho y amante de Guaco, me pidió que el tema fuera con el estilo de esa agrupación”. La superbanda de Venezuela ha sido un referente para Ortiz desde que inició su formación musical. “Me hubiese encantado formar parte de ella, pero cuando yo estaba en Venezuela no tenía el nivel para hacerlo”, asegura.

Las otras cinco canciones también están disponible en Amazon, iTunes, Spotify y en canal de YouTube de Ortiz: Josu1012. “Todas tienen elementos que me han influenciado en mi educación musical con música venezolana. ‘Intento’, que es el segundo tema, resume lo que se trata el disco: una mezcla entre la onda nueva de Aldemaro Romero, songo y bembé cubanos, todo fusionado con el poder del rock y la estructura y armonía del jazz. ‘Song Something’ tal vez sea el único que no tiene algo venezolano, es un Cha Cha Cha. ‘Momentum’ es un dúo piano y violín, y me basé en los valses venezolanos para piano,que me encantan, y el serialismo de Bartok. El quinto tema es un arreglo de la ‘Tonada de luna llena’ de Simón Díaz, grabado en con la voz de Constanza Liz y el violín de Brenda Rengel, y es mezcla entre sangueo, funk y songo. La última canción, ‘Merenguísimo’, es muy especial para mí, porque fue con la que audicioné para Berklee College of Music, es un merengue caraqueño”.

Josu Ortiz espera que con Black & White Steps pueda sumar unos cuantos sellos a su pasaporte para darse a conocer en el mundo, y tal vez, quién sabe, su nombre pueda figurar al final de los créditos de una película o en un gramófono. “Me gustaría hacer música para cine. ¡Y claro! ¡Sería increíble ganar un Grammy! Si me tocara subir a recibir ese premio, no quisiera agradecer a nadie en ese momento (desde la tarima). Quisiera darle las gracias personalmente a cada uno de quienes me han acompañado en el camino”.

Fuente El Estímulo

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