El doble impacto de Juan Miguel

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Una amplia formación musical, la capacidad de adaptación y el olfato para casar voces y emociones son su sello artístico. Mientras su impronta radial se multiplica, el cantante y productor portugueseño comparte su receta para calar en el mundo musical

La Casa de la Cultura de Turén tuvo por años a un minipasante honorario. El pequeño Juan Miguel Dell’Orco era el hijo de la directora y jamás faltaba a ninguna actividad. Teatro, música, bailes tradicionales: en todas participaba. Cantaba en el coro de la iglesia y a los 8 años de edad se empeñó en aprender a tocar la batería. Poco después se integró al sistema de orquestas del estado Portuguesa para convertirse en violinista. Durante cuatro años sus cuerdas integraron la Orquesta Sinfónica Infantil de Araure hasta que tuvo claro que no era su instrumento y decidió guardarlo para probar otros géneros.

El muchacho se fue a estudiar en el Tecnológico de Música Valencia y empezó también a cursar Odontología. Regresó a Acarigua. Comenzó Derecho y descubrió que esa tampoco era su vocación. “Cuando hacía una proyección a largo plazo de lo que quería hacer, lo que más me apasionaba era la música”. Su familia, también con talentos melódicos, lo apoyó en esa resolución. Así comenzó una carrera como solista que logró convertirlo en profeta en su tierra. Resuelto a buscar nuevas oportunidades, hace diez años hizo maletas y se mudó a Caracas. Así empezó una lenta curva de aprendizaje, sin más recursos que la voluntad y sus conocimientos musicales.

Cuando enumera sus desventuras de novato, se desparrama en el sofá y cruza las manos sobre el regazo. Entra en modo psicoterapia. Con rigor de productor musical —papel que también desempeña desde sus inicios— reconoce sin reparos que después del éxito de Baila morena, la canción de pop tropical con la que debutó en 2007, su segundo álbum en 2009 no obtuvo los resultados esperados. “Me empeñé tanto en sorprender que me desvié e hice un disco menos potable, más para mí que para los demás. No funcionó”. Encerrarse en una burbuja no era la vía.

Dos en uno. Al grabar la canción Siento bonito hace tres años —tema que luego versionaría con Sixto Rein y Marta Botía (exintegrante del dúo Ella Baila Sola)—, Dell’Orco descubrió que encontrar el balance justo entre el pop y los géneros urbanos podía ser la fórmula ideal para él. Tiene plena conciencia de que dar con un sonido propio en un medio tan competido se ha vuelto como hallar una aguja en un pajar. “Si uno quiere crecer, tiene que ser muy honesto al evaluarse. No creo que ser autocomplaciente te lleve a alguna parte”.

Tras el éxito de los temas Como tú y Ajá, te creí —en los cuales entona su nombre en justo duplicado, pues así como se compone, se produce—, Dell’Orco sigue dedicándose con el mismo grado de detalle a crear para otros artistas. Su bagaje musical es una caja de herramientas para variedad de estilos. “He hecho música llanera, rock, salsa, pop… No soy prejuicioso en géneros, pero sí creo que hay música bien hecha o mal hecha”. Es el autor de hits como Sayonara, de Jonathan Moly y Jerry Rivera; Tu príncipe azul, de Benavides; Comerte a besos, de Oscarcito y Gabriel Parisi; Esa mujer, de Luis Silva; Solo por ti, de Nelson Arrieta con Guaco, y Quién te acelera el corazón, que interpreta con Víctor Drija.

Para quienes le preguntan el secreto de una carrera en ascenso, lo comparte sin rubor. “Creo que lo que funciona es que crees un estilo propio y lo mejores actualizándolo. Hay gente que fracasa desde el primer día porque quiere empezar copiándose de otros, y eso no sirve, justamente porque hay marcas tan personales que nadie puede apropiárselas. No hay manera de que ‘hacer vallenato como Carlos Vives’ te resulte a ti, por ejemplo. Pero Carlos Vives sí está tan claro en su sonido, que puede lanzar un reggaeton con Shakira y pegarla de todos modos”.

¿Qué más se requiere para avanzar como músico? “Si cuando escribes una canción tratas de conectarte con la gente y de ponerle banda sonora a sus vidas, te va a ir bien. Si haces esto solo por fama o dinero, te va a ir mal. ¿Qué no haría nunca? Cantar algo que no me mueva la fibra, así me digan que ese tema va a ser un palo y va a sonar en todas partes”, asegura. “Creo que puedes vivir de lo que anhelas y no solo de algo que te dé dinero. Creo en la magia que da hacer música y en que todas las personas que tienen sueños pueden alcanzarlos con trabajo”.


Una canción

Para ir a la playa: Angel, de Shaggy.

Para un domingo en la noche: A la primera persona, de Alejandro Sanz.

Para alegrar a alguien: Lágrimas no más, de Guaco, o Elevation, de U2.

Para despedirse: Nada, de Juanes.

Que es un placer culposo: Shaky Shaky, de Daddy Yankee. Es chiclosamente pegajosa.

Que todo el mundo debería conocer: Mi guitarra y vos, de Jorge Drexler.

Que le gustaría haber escrito: Qué bonita es esta vida, de Jorge Celedón. Tiene muy buena energía.

Que no puede dejar de escuchar: Despacito, de Luis Fonsi y Daddy Yankee. Esa canción tiene burundanga.

Fuente El Nacional

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