Edgar Ramírez: Un “Cacique” de cuatro décadas

Edgar Ramírez: Un “Cacique” de cuatro décadas

Edgar Ramírez, Cacique, cuatro década, actor venezolano

Cacique. Edgar Ramírez es el Cacique así pasen muchos años. Así haga cientos de novelas, así se luzca en cuantas películas pueda protagonizar. Así se lleve todos los Oscar que merece. Y es que ese aguerrido joven enamoradizo, de rulos castaño claro y ojos verdes catapultó al actor hace 14 años cuando debutó en la pantalla chica, de la mano de Venevisión, en la telenovela Cosita Rica, donde su rol, junto con el de las gemelas María Suspiro y Verónica, interpretadas por Marisa Román, eclipsaron a la pareja protagónica y se llevaron la mayor parte de los elogios en esa exitosa obra de Leonardo Padrón.

Fue tal vez Fabiola Colmenárez, heroína de este dramático, quien actuó como la hada madrina de Édgar. A ella se le deberá una parte de su éxito. La “Paula C” del cuento lo recomendó ante Padrón. El escritor, entre casting y casting, buscaba como loco al príncipe de barrio, quien más tarde se convertiría en el venezolano con mayor relevancia dentro de las apuestas hollywoodenses.

El boom de Édgar Ramírez, quien nació hace 40 años en San Cristóbal, comenzó en 2003, la época en la que Venezuela enfrentaba una crisis de galanes, una crisis que presentaba a los mismos actores en todas las telenovelas. Repetían una y otra vez. No había novedad. El prototipo era el mismo y los “mister” se dedicaban, sin ningún esfuerzo, a mostrar sus músculos y no el talento.

“Él llegó a refrescar la pantalla. Fue como un respiro a la industria de la televisión que a gritos pedía un actor con fuerza en sus historias. Era un desconocido cuando inició las grabaciones de la novela. De pronto comenzó a llamar la atención y en unos pocos capítulos desplazó a los protagonistas”, expresa el locutor y conductor de TV, Diego Kapeky.

Para Ramírez, Hollywood no era una meta entre ceja y ceja, sin embargo, su suerte se fusionó con ese innegable talento que tiene a la hora de interpretar y formaron una bomba que desplazó hasta a los más destacados actores mexicanos, cubanos y colombianos que hacían largas colas por una audición. Édgar se los llevó por delante y se quedó con personajes dentro de filmes como Dominó, con el que despuntó en la meca del cine.

Para muchos, pudo ser el rostro bonito que tuvo suerte con un personaje y luego pasaría al olvido. Édgar experimentó una nueva vida, toda la fama que acumulaba era nueva, más no la actuación. No fue un improvisado en estos campos. Se graduó como comunicador social en la Universidad Católica Andrés Bello en 1999 y desde el segundo año de la carrera se metió de lleno en el mundo del cine. Su inquietud lo llevó a experimentar desde la asistencia hasta talento en cortometrajes.

“Édgar es talentoso, disciplinado, dedicado, creativo. Es detallista al extremo con sus papeles y explora tanto el personaje que suele llevarlo consigo a todas partes”, afirma Elia Schneider, directora de la película Punto y raya, protagonizada por Ramírez.

Hablar perfectamente alemán, inglés, francés e italiano lo convierten en un ciudadano del mundo y el aprendizaje de esos idiomas se lo atribuye a que cuando era niño viajaba con mucha frecuencia gracias al trabajo de su padre Filiberto (militar).

Pese a que ahora es una estrella en ascenso, la farándula no era lo que realmente llamaba la atención en este criollo con facciones de extranjero cuyo amor platónico es Ruddy Rodríguez. En la diplomacia y no en la actuación se dirigía inicialmente su carrera. Los autógrafos y las fotos no eran lo suyo.

“Siempre me ha llamado la atención todo sobre las relaciones internacionales y me veía trabajando no en la televisión o cine, sino en la Cancillería”, confesó el actor, quien desde su época universitaria, demostró inquietud por hacer vida política, muchas fueron sus actividades en la vida estudiantil que después se dirigió hacia el interés por la diplomacia. “Eso es lo que quería hacer pero ya ves que la vida me trajo hasta aquí”, agregó.

Y vaya salto tan meteórico y contundente ha dado este “gocho” en el tan competitivo y duro mundo de la cinematografía norteamericana. Su participación al lado de Matt Damon en la saga Bourne fue una bofetada para quienes dudaron de su potencial, y más aún, de su perseverancia.

“Nuestra relación nació con ‘Cosita Rica’ y desde el principio nos entendimos con fluidez tanto dentro, como fuera del set. Coincidimos en lo apasionados, obsesivos y entregados que somos con nuestro trabajo, así que siempre estábamos estudiando y llevando propuestas a las grabaciones. Siempre buscábamos la manera de superarnos.

La química en escena era brutal e incluso nosotros mismos nos sorprendíamos al ver las escenas. Nos maravillaba lo que sucedía con esos personajes, lo que despertaban en la gente era muy potente. Fue una experiencia hermosa y muy intensa a todo nivel y no imagino haber tenido a un mejor compañero, amigo y actor para vivirla que Édgar”, dice la actriz Marisa Román.

Uno de los papeles que lo proyectó fuera de nuestras fronteras fue  el de Carlos, en la famosa película sobre “El Chacal”. Por esta interpretación fue nominado a los Globo de Oro, los SAG del Sindicato de actores de Estados Unidos, el Lumiére de la Crítica Internacional en Francia, y el Círculo de Críticos de Londres. En los Premios César 2011, recibió por la versión cinematográfica de la serie de televisión, el galardón al mejor actor más prometedor. Su interpretación en “Carlos” también le valió para ser nominado como mejor actor en la 63ª entrega de los premios Emmy.
Sus personajes en cintas como Libertador,   Point Break,  Joy, Manos de Piedra y La Chica del Tren  le han otorgado gran reconocimiento.

“Tiene una mezcla poderosa de talento, inteligencia y emotividad. Por eso trabaja a cada personaje de una manera muy cerebral y, a la vez, intensamente afectiva. Algo que aprecio y admiro de Edgar es que a la hora de los grandes momentos que ha vivido en el cine internacional, siempre lleva a los venezolanos y a sus seres queridos en el corazón. Y nos lo hace sentir. Sabemos que estamos allí con él”, expone Carolina Acosta, profesora de comunicación social de la Universidad de Georgia y autora del libro Venezuela es una telenovela.

La imagen de galán de Ramírez no solo encanta al público, sus compañeras también destacan los atractivos del actor. Marisa Román, quien lo tuvo cerca durante un año en “Cosita Rica” lo halaga: “Es imposible quitarle los ojos de encima cuando está en escena. Su guapura solo mejora con los años y aparte de ser un actor talentoso es muy disciplinado y apasionado con su trabajo”.

Ya no camina por las escaleras del “Barrio República”. Las cambió por elegantes alfombras rojas. Dejó de piropear a “Melao”, ahora se codea con Sofía Vergara. Su estela brilla en otros horizontes y su talento domina donde quiera que se pare, como el gran Cacique que sigue siendo.

Fuente Panorama

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