Con un mes en Madrid este ha sido el aprendizaje

Con un mes en Madrid este ha sido el aprendizaje

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Este ha sido un mes muy extraño hasta para mí, que he tenido una vida llena de altos y bajos, de cambios y de nuevos comienzos… El haber estado un mes en Madrid, sin mi mujer, durmiendo en un sofá, sin empleo y en pleno verano ha sido, definitivamente, algo memorable.

Pero la verdad es que no quiero tanto enfocarme en lo que muchos podrían considerar “malo”, que es el hecho de no haber conseguido aún ni piso ni trabajo. Al contrario. Mi intención es hacer énfasis en la experiencia como un todo pues, aunque la haya calificado de “extraña”; no quiere decir que sea mala, sino más bien la veo como muy enriquecedora.

Aquellos que conocen Madrid podrían decir que me vine en el peor momento, ya que en verano todo cierra y la gente se va de vacaciones; así que la oferta de pisos y empleos está sumamente disminuida. Tendrían toda la razón; pero también debo decir haber emigrado en esta época del año me ha permitido aprender muchísimo sobre la ciudad y su gente.

Claro, debo reconocer que de no haber tenido la ayuda que he recibido de mis amigos (quienes me pusieron su casa a la orden), la situación sería diferente. Quizás hasta me hubiese tocado alquilar una habitación o agarrar ese piso todo horrible que me querían arrendar sin tantos requisitos, pero que inspiraba asco de solo verlo.

El gran detalle con el alquiler de los pisos es que, si no tienes contrato de trabajo fijo o indeterminado y tres nóminas (o sea, que ya tienes por lo menos tres meses trabajando ahí), no te quieren alquilar. Lo cual es comprensible ya que, a raíz de la crisis, mucha gente dejó de pagar el alquiler y luego, según me han dicho, puede tardar un tiempo el desalojo (desahucio le dicen aquí). Entonces los propietarios se están cuidando las espaldas y alquilan es mediante seguros contra impago; y son las aseguradoras las que exigen esos requisitos al futuro inquilino.

Por otro lado, hay propietarios que aceptan avales bancarios o personales. En el primer caso es tu banco el que le dice al propietario que “si yo no pago”, él se compromete a pagar, pero para que el banco te dé uno de esos avales, debe cumplirse una de dos condiciones: O tiene mucha confianza en ti, o sea, que has sido su cliente hace mucho y tus movimientos demuestran que sí tienes para pagar o, por el contrario; te bloquean el equivalente a tres o cuatro meses de renta en la cuenta bancaria, mientras dure el contrato de alquiler.

El aval personal es lo que en Venezuela conocemos como “fiador”. Es decir, una persona que sí cumple los requisitos para alquilar y que se compromete a pagar en caso de que dejes de hacerlo.

Existe otra forma que también ha funcionado para muchas personas y es abonar por adelantado el pago de seis o 12 mensualidades de alquiler pero, obviamente, para ello necesitas tener una gran disponibilidad de liquidez (al igual que en el caso del aval bancario cuando te bloquean el dinero en la cuenta).

Sobre el aspecto laboral, bueno, toma un tiempo conseguir algo. Hay que meter currículums y esperar, no dejar por fuera ninguna oportunidad y preparar tu hoja de vida explicando muy bien lo que sabes hacer, porque aquí importan más los conocimientos y la experiencia que los títulos (aunque estos últimos siempre son necesarios).

En mi caso personal, durante este mes he aprovechado que tengo la tarjeta de transporte público para recorrer la ciudad, bien sea por el simple hecho de conocerla o por todas las veces que he tenido que ir de un extremo a otro para ir a ver algún piso que estaban alquilando.

Por lo que he visto, Madrid, al igual que las grandes metrópolis del mundo, está conformada por una serie de “microciudades” (cada una totalmente distinta a la otra) que, en muchos casos, están separadas por una simple avenida o por un parque.

Aquí puedes estar en una zona ultra popular como Puente de Vallecas o Puerta del Ángel y, en cuestión de minutos, llegar al Paseo de la Castellana, Chamartín o Moncloa, y sentir que cambiaste de continente o de planeta, así que para elegir donde vivir y cómo vivir, hay opciones de sobra (y eso que aún no he salido de lo que llaman “Madrid Centro”. No quiero imaginar cuando comience a conocer todos los pueblos que están alrededor).

Muchos podrían pensar que lo que he hecho es perder el tiempo porque ni conseguí empleo ni he conseguido donde vivir, pero les puedo asegurar que nada está más lejos de la realidad. Este extraño mes aquí ha sido también muy productivo en el aspecto personal, en mi yo interno, porque me ha servido para aprender mucho sobre las cosas que quiero y especialmente sobre las que no quiero para mi futuro.

Cuando emigras, el plan original que tenías puede desviarse muy fácilmente y si no te mantienes enfocado terminarás yéndote por un camino que no te gusta o peor aún, terminando en un precipicio porque no te detuviste a consultar el mapa, la hoja de ruta que debías haber hecho antes de salir de tu país y que sólo puede ser modificada en caso de que consigas algo mejor, algo que esté por encima de tu plan original.

Si alteras esa hoja de ruta “hacia abajo”, te aseguro que serás infeliz por el resto de tu vida. Al final del camino no hay nada mejor para arruinarte la felicidad que hacer algo que no te gusta.

Hasta este momento lo más duro ha sido la soledad y tener que controlar los gastos, porque la cantidad de cosas “bonitas y sabrosas” que están allí tentándote para que las compres son muchísimas y, si no tienes autocontrol, en pocos días te comes (literalmente) todos los ahorros y te vas a la quiebra.

Finalmente, la verdad sea dicha, emigrar vale la pena. El aprendizaje que queda te acompañará por el resto de tu vida y te hará crecer como ser humano, te cambiará para siempre y para mejor. Si tienes dudas, deja de dudar y hazlo, da el paso, que sí se puede. ¿Qué es lo peor que puede pasar?

Fuente Enrique Vásquez

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